LA ENTREGA DE LA BANDERA EN UN FUNERAL MILITAR

LA ENTREGA DE LA BANDERA EN UN FUNERAL MILITAR

La viste mil veces en las películas y en los noticieros de la tele. DOS (02) Soldados de guantes blancos, doblando una bandera sobre un ataúd. La pliegan hasta volverla a un triángulo perfecto, tenso, sin arrugas y casi nadie sabe que esa ceremonia entera es un mensaje cifrado, al final, la frase que se dice al entregarlo explica palabra por palabra. ¿Por qué nadie la olvida?

Empecemos por las reglas que la vuelven sagrada. La bandera jamás bajo ninguna circunstancia puede llegar a tocar el suelo. Jamás.

Sobre el ataúd se coloca siempre el tricolor patrio. El campo amarillo al lado DERECHO de la persona que se encuentra en el féretro. Los Soldados de la Guardia de Honor en un número de SEIS (06) se colocan a los costados del féretro con el fusil al hombro, rindiendo los honores y en respeto al fallecido.

Concluida la velación DOS (02) Srs. Oficiales Subalternos procederán a retirar la bandera que se encuentra sobre el féretro y comienza el ceremonial del doblado de la bandera para ser entregada al familiar más cercano de la persona que falleció.

No improvisan nada, ensayan durante meses enteros, repitiendo cada gesto cientos de veces. hasta que el cuerpo se olvida de que está ensayando y los movimientos salen solos, exactos, sin que la mente tenga que pensarlos.

Cada pliegue tiene que quedar tenso como el parche de un tambor. ni una arruga, ni una esquina floja, ni un solo doble torcido. Y cada movimiento va sincronizado al segundo con el del compañero de enfrente, como si fueran una sola persona con cuatro manos. Porque en esta ceremonia no se permite ni un solo error, ni el más pequeño, ni siquiera el que nadie notaría desde lejos.

Es el último servicio que la institución le presta a uno de los suyos. Se hace perfecto o directamente no se hace. TRECE (13) pliegues exactos convierten ese rectángulo de tela en un triángulo. TRECE (13), ni uno más ni uno menos.

El reglamento oficial no le asigna ningún significado a los pliegues. Ninguno. En el papel son apenas TRECE (13) dobleces técnicos.

Fueron los propios veteranos, generación tras generación, los que le pusieron una palabra a cada uno de esos TRECE (13) pliegues, una tradición que todavía hoy se recita en voz baja, en miles y miles de Funerales Militares a lo largo de todo el País.

Un pliegue por la vida, otro por la creencia en la vida eterna, esa que no termina cuando el cuerpo por fin se apaga Uno por el veterano que entregó una parte de su propia vida. Uno por la madre que lo esperaba, otro más por el padre. Y así, uno tras otro, hasta llegar al último de los TRECE (13).

La institución dobla la tela. Los compañeros de armas le doblaron adentro un poema. Y cuando el triángulo por fin queda cerrado, sobre el fondo amarillo, apuntando siempre hacia arriba. Ni una sola franja azul o roja queda a la vista.

 El rojo, el color de la sangre queda guardado adentro del lado del corazón. No es un detalle casual. Todo en ese triángulo está pensado para decir algo sin usar una sola palabra escrita en ningún lado. TRECE (13) pliegues y un poema entero plegado en silencio dentro de un simple pedazo de tela.

Un mensaje que se dobla, no se escribe. Pero todavía queda una pregunta sin responder. ¿Por qué justo un triángulo y no un cuadrado o un rectángulo doblado a la mitad?

La tradición hace remontar esa forma a los sombreros de TRES (03) picos que usaban los primeros Patriotas. Hace ya muchísimo tiempo. Los hombres que pelearon la guerra por la Independencia, con esos tricornios de TRES (03) puntas calzados sobre la cabeza.

Así, cada bandera doblada evoca en su forma a los primeros que juraron defenderla, cuando el País todavía ni siquiera existía, cada Soldado caído recibe su bandera con la forma exacta del sombrero de aquellos fundadores. Es el círculo completo de una promesa, los que la empezaron y el que acaba de cumplirla, unidos para siempre en un mismo triángulo. Y entonces llega el momento por el que existe absolutamente todo lo anterior, el instante para el que se ensayó durante meses, el Oficial Subalterno entrega la bandera en forma de triangulo al Oficial de mayor rango, quién se acerca con tono marcial y despacio frente a la madre, la viuda o el hijo del que ya no volverá a estar.

Extiende el triángulo con las DOS (02) manos, sosteniéndolo como si pesara mucho más de lo que pesa y la mira directo a los ojos y pronuncia palabra por palabra, sin apurarse ni un segundo. La frase oficial que la Institución entera le encomendó decir. En nombre de las FF.AA., del Ejército y de una Nación entera profundamente agradecida.

Le ruego aceptar esta bandera como símbolo de nuestro reconocimiento por el honorable y fiel servicio de su ser querido, una Institución entera de cientos de millones de personas arrodillada en el cuerpo de un solo Soldado que ya se fue, entregando un triángulo de tela doblada que en ese instante pesa muchísimo más que cualquier medalla de oro del mundo. El triángulo ya está en las manos de una madre que lo aprieta contra el pecho como si abrazara al hijo que no vuelve. Y ahora lo sabes, no es tela doblada, es la vida entera de un Soldado. plegada TRECE (13) veces con un cuidado infinito, plegada con cuidado por manos que no temblaron, justamente para que las manos de su madre sí puedan temblar tranquilas. Por eso, la próxima vez que en cualquier lado veas ese triángulo, ya vas a saber todo lo que lleva doblado adentro.